Por Sylvie Roman – CVX en Suiza (original en francés)
«Consolación» y «desolación»: estas dos palabras están en el corazón de nuestros encuentros CVX. Tal fue a la vez el testimonio y la invitación del padre Jean-Luc Fabre sj con ocasión del encuentro de coordinación 2025 de la CVX en Suiza.
Una formación como elemento desencadenante
El padre Jean-Luc nos compartió cómo la formación de una sola persona bastó para transformar la comunidad local que acompaña. Cabe destacar que conoce bien la CVX por haber sido asistente eclesiástico para Francia, función que en Suiza desempeña la Hna. Marie-Brigitte Seeholzer.
Tras la formación de una persona, el enfoque de los encuentros cambió, permitiendo que la comunidad local diera un paso más en su camino de crecimiento. Antes, aunque el equipo ya centraba su revisión en el mes transcurrido, buscando los impulsos de vida o, por el contrario, los frenos, esa revisión se basaba ante todo en hechos, acciones o situaciones. Además, el equipo sentía la necesidad de orientar la revisión en torno a un tema particular. Poco a poco, dieron un paso más: aprendieron a concentrarse en las consolaciones y desolaciones experimentadas, sin otra indicación para la relectura.
A la escucha de las mociones
Identificar las consolaciones y las desolaciones es concentrarse en lo que nos habita en profundidad. Las mociones, nuestros movimientos interiores, nos hablan de nuestro ser y de nuestra relación con Dios. Están a la vez ligadas a lo que vivimos en una situación —«vinculadas a lo que vivimos en la periferia de nuestro ser en la situación», nos dice el padre Jean-Luc— pero también son independientes de ella, en la medida en que la consolación puede estar presente en cualquier situación, sea ésta feliz o difícil. «La consolación y la desolación indican los desafíos profundos de la existencia», añade. La observación de estas mociones nos ayuda a orientarnos en nuestro camino de crecimiento espiritual y de profundización de nuestra relación con Dios.
Tres tipos de consolación
Concentrémonos entonces en la consolación. No siempre es fácil reconocerla; se presenta bajo varias formas. El padre Jean-Luc presenta tres tipos haciendo referencia a los puntos 316 y 317 de los Ejercicios de san Ignacio (tercera y cuarta regla). También menciona un artículo de Adrien Demoustier sj, publicado inicialmente en Christus HS 170 : https://www.revue-christus.com/article/reconnaitre-la-consolation/5332.
La consolación entusiasta: es la que solemos imaginar, la más fácil de captar, en la que sentimos que nos inflamamos o que una alegría duradera nos invade.
La consolación dolorosa: aparece incluso cuando se está en una situación difícil o dolorosa. Un ejemplo es el de las lágrimas: lágrimas provocadas por el dolor y que al mismo tiempo aportan consuelo. Al llorar, se reconoce la situación, uno se libera en parte y sale transformado. Esta forma de consolación va más allá de la situación vivida. Marca distancia entre la situación y la identidad de la persona: es como ponerse en movimiento, consentir la situación y salir de ella para darse cuenta de que, ocurra lo que ocurra, la identidad permanece. Conduce a un crecimiento en el amor, la esperanza y la fe.
La consolación de disponibilidad: toda consolación produce algo, pero ésta es más difícil de detectar, aunque sea la más común. Se caracteriza por un estado estable y no por un sentimiento pasajero. Se puede reconocer por una especie de bienestar o energía vital que hace disponible para servir en la situación.
Del hacer al ser
El padre Jean-Luc lo ha observado: un compartir centrado en las consolaciones y desolaciones impulsa a compartir y escuchar de manera diferente. En lugar de contarse a uno mismo, se escucha más al Espíritu. Y al escuchar a los demás, también se presta atención a la consolación y a la desolación, es decir, al Espíritu.
Con este tipo de revisión y compartir, el ser se vuelve central. Uno se concentra en la identidad cristiana de la persona, en su ser que permanece más allá de cualquier situación. La persona adquiere una especie de libertad, independientemente de lo que atraviese. Entonces elige principios orientados hacia el crecimiento.
Magis
Estamos llamados a un «siempre más», a una «vida en abundancia», a un «más» (magis) entendido como un más de calidad, no de cantidad. Estamos llamados a crecer en el amor. Por supuesto, el hacer y el ser siguen vinculados; no se trata de separarlos, sino de mantener una tensión entre ambos que nos mantenga en movimiento. Es en lo concreto de nuestras situaciones donde somos llamados. El padre Jean-Luc concluye recordando esta frase de Ignacio: «El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y mediante ello salvar su alma». Que esta frase del «Principio y Fundamento» nos guíe en nuestros próximos encuentros CVX.
Gracias al padre Jean-Luc, que aceptó releer este artículo.
Oración de ofrecimiento
Durante su paso por Suiza, el padre Jean-Luc Fabre tuvo también la ocasión, como director para Francia de la Red Mundial de Oración del Papa, de hablar sobre la oración en el Centro Sainte-Ursule de Friburgo. Allí destacó la oración de ofrecimiento, es decir, una invitación a entregarse a Cristo en un doble movimiento: recibirnos de Él y entregarnos, en un impulso de ofrenda y disponibilidad, día tras día, redescubriendo así la dimensión sacerdotal de nuestro ser. La ofrenda de la mañana y la revisión del día por la noche, con atención a nuestras consolaciones/desolaciones cotidianas: he aquí un programa ignaciano accesible a todos. El padre Jean-Luc también mencionó la aplicación «Click to Pray» (https://clicktopray.org/ ), que puede ayudarnos en ello.








