Mi Camino de Peregrinación

11 Nov, 2025 | CVX Mundial, Ecología

Por Sameh Tanios, CVX en Egipto (original en inglés)

Me uní a la CVX alrededor del año 1993. Ese mismo año viví mi primera caminata de oración, en el desierto del Sinaí, siguiendo los pasos de Moisés. Fue organizada por un sacerdote jesuita holandés, el P. Hans Putmann SJ.

Al principio, simplemente quería explorar aquel lugar nuevo y misterioso. El calor del verano y las empinadas montañas hicieron de la experiencia un verdadero desafío. Caminábamos en silencio, cada uno con un pasaje de la Biblia para meditar. Fue una oportunidad profunda de encuentro con Dios en el desierto, durmiendo bajo las estrellas, lo que llamábamos “un hotel de mil estrellas”.

Durante esa semana ascendimos tres montañas: el monte Santa Catalina, el monte Moisés y el monte Serbal. Fue una experiencia físicamente exigente, pero el grupo formó un lazo muy profundo. Orar en el desierto y en las montañas fue algo completamente nuevo para mí, una vivencia que tocó mi corazón de una manera especial.

Mi segunda peregrinación tuvo lugar en Francia, en julio de 2015. Fue una caminata franco-egipcia-libanesa, el mismo año en que el papa Francisco publicó su encíclica Laudato Si’, en junio. Ya la había leído antes de viajar, y marcó profundamente mi experiencia.

Caminar por los bosques lluviosos de Francia no fue tarea fácil para un egipcio, pero me conmovieron las lecturas diarias y los momentos de compartir en grupo dentro de la comunidad CVX. Sentí que mi camino como peregrino se hacía más maduro, enriquecido por la diversidad de culturas y de miradas.

Esa experiencia me ayudó a descubrir la espiritualidad ignaciana universal que une a todos los miembros de la CVX, y a encontrar a Dios en todo, especialmente en la naturaleza y en la creación entera.
Este camino me ha transformado profundamente. Actualmente formo parte del Equipo Apostólico Internacional de Ecología de CVX, una red internacional que se reúne en línea para compartir las experiencias y desafíos ecológicos de cada región.

soy miembro activo de su comunidad internacional.
Cada año colaboro en la preparación de un Retiro Ecológico en Silencio de cuatro días, un espacio que acoge a personas de distintas religiones —cristianos y musulmanes— para encontrarse a través de la mirada ecológica. Este retiro se ha convertido en un lugar donde experimentamos cómo el cuidado de la creación puede unirnos más allá de nuestras diferencias.

Conclusión

Una peregrinación CVX es un camino que requiere tiempo para profundizar. Es una experiencia de descubrimiento y encuentro con Dios en todas las cosas, en el silencio, guiados por la espiritualidad de San Ignacio de Loyola.

Con el apoyo de mi grupo local y de la comunidad internacional de CVX, continúo buscando nuevas maneras de expresar mi amor por Dios y de darle gloria a través de toda su creación.

 

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