Marta Veiga, CVX en Portugal
La Peregrinación de la CVX en Portugal nació del profundo deseo de muchos miembros, quienes compartieron este anhelo con el Equipo Nacional. El pretexto ideal fue la celebración del 50º aniversario de la CVX en Portugal.
«Dios lo quiere, el hombre lo sueña, la obra nace» – La participación espontánea de voluntarios de todo el país, que no se conocían previamente, permitió formar un equipo organizador dividido en tres áreas: espiritual, logística y de ruta. Cada uno aportó sus talentos al servicio de esta aventura, que así pudo hacerse realidad.
Tras ocho meses de preparación, finalmente partimos el pasado jueves desde Nazaré hacia Fátima, bajo la gracia de la petición: «Reunirse con María». Ochenta y dos peregrinos participaron en esta marcha, entre ellos diez provenientes de la CVX internacional: Eslovaquia, Letonia, Inglaterra y Gales, Francia, Alemania y España.
El sábado, en la etapa final, se unieron a nosotros treinta miembros más de la CVX Portugal. Así, llegamos a Fátima 110 peregrinos.
Fue un camino lleno de aventuras, superación personal, oración comunitaria, momentos de compartir, reflexión y silencio. Comenzamos en el Santuario de Nazaré, fuimos recibidos con alfombras de flores en Coz, pasamos por Porto de Mós y continuamos hasta Fátima. Cada peregrino, con sus propias motivaciones, historias de vida e intenciones, avanzaba paso a paso, juntos, hacia Nuestra Señora.
Los peregrinos extranjeros contaron con la atenta ayuda del Padre Pedro Cameira, SJ, quien se encargó de la interpretación, mientras que el Padre José Eduardo se dirigía a los demás en portugués y español.
Nuestro cuaderno del peregrino contenía oraciones e intenciones que nos llegaron desde toda la comunidad mundial: desde Filipinas hasta Brasil, desde Siria hasta Inglaterra y Gales.
Cuando hacía calor, había hielo y agua para refrescarnos; cuando faltaba un micrófono o un atril, improvisábamos; cuando los zapatos se rompían, los arreglábamos. Y, para coronarlo todo, Carmen, de Alemania, nos regaló una magnífica interpretación en solitario del Salve Regina.
Cruzamos la Puerta Santa como peregrinos de la Esperanza, todos unidos.
Esa es la belleza de UNA sola comunidad en camino: llegamos con el corazón lleno, desbordante de todo el bien recibido, como un solo cuerpo.






