Por Ivette Cáceres CVX en República Dominicana. Miembro del Equipo Mundial de Formación
Desde el correo que recibí del Presidente Mundial Chris Micallef, sentí que esta invitación no se trataba solo de participar en un taller, sino de una llamada del Espíritu. La carta y el mensaje del Padre General, Arturo Sosa al inicio del encuentro, confirmaron profundamente esta moción. Su invitación a hacer Iglesia, a abrirnos a la escucha del Espíritu a través del discernimiento en común, y a reconocer la necesidad de un plan y una nueva narrativa, tan liberadora como la de Jesús, me situaron ante una nueva misión: contribuir a la construcción de una Iglesia verdaderamente sinodal.
Desde el primer día, uno de los temas que más resonó en mí fue la vulnerabilidad. Con las primeras conferencias comprendí que el discernimiento en común nos invita a reconocernos frágiles, pero también a descubrir que Dios mismo se hace vulnerable y nos necesita para la obra de la salvación. La salvación no es un proceso perfecto ni lineal; se construye entre aciertos y fracasos, y Dios habla precisamente en las grietas, en las heridas, en la humanidad de Jesús.
Ligado a esto, fue muy iluminador comprender el concepto y necesidad de un poder redentor. Al igual que el poder de Dios no es dominante ni avasallante, sino un poder que se acerca, que toca las heridas y que transforma desde dentro, la sinodalidad nos lleva al Jesús crucificado y nos cambia la manera de entender el poder dentro de la Iglesia: no como control, sino como servicio que sana y redime.
Another fundamental learning was the passage from “I” to “we”. Communal discernment is only possible when each person has previously walked a path of personal discernment, the same thing that happened with St. Ignatius and the founding fathers. It is not something immediate or automatic; it is a process that demands conversion, humility, and deep listening. God communicates through the gifts he offers to each person, and only from this equality in speaking and listening can a true communal discernment emerge.
Conclusión
Por último, esta experiencia me confirmó que la sinodalidad no es sólo una estructura o una metodología, sino una espiritualidad. Crear una cultura sinodal implica cuidar las relaciones, intercambiar dones, carismas y vocaciones, y entrar en una dimensión profundamente divina, en la que la oración y la acción del Espíritu están en el centro de todo el proceso. Nuestra tarea consiste en crear el contexto para que las personas puedan encontrarse con Dios y dejarse guiar por Él. Dejo Encender el Camino con profunda gratitud y con el compromiso de seguir promoviendo el discernimiento comunitario como forma de hacer Iglesia, confiando en que es el Espíritu quien guía y sostiene este proceso.
For more information about the initiative: https://www.jesuits.global/2025/11/24/ignite-the-way-the-society-of-jesus-taking-synodality-forward/






