Me queda una profundo agradecimiento por el don de haber participado en el
Sinodo en el rol de “Experto Facilitador”. He visto desde una posición privilegiada que la sinodalidad es un proceso y a este hecho lo constaté especialmente en esta segunda sesión donde vi verdaderos “amigos en el Señor” que se reencontraron para seguir caminando juntos. Es decir, que hacer la experiencia de Sinodalidad es el camino.
Que el discernimiento en la Iglesia es importantísimo para que todos entendamos nuestro rol en esto de tener igual dignidad en la Iglesia a través por el bautismo y que es ese mismo bautismo, es el que nos hace corresponsables en la transmisión de la fe en Cristo, que es, finalmente, la misión De la Iglesia: vivenciar el Reino de Dios en la tierra.
Percibí la diversidad de dones que existen en nuestra Iglesia, todos suscitados por el Espiritu. Y que en esa diversidad transita por el mundo en una unidad garantizada por el Papa. Prueba de ello fue esta experiencia de tres años de Sinodo.
Experimenté la riqueza de la conversación en el Espíritu como herramienta y creo que la espiritualidad ignacianas tiene mucho que aportar en ello, ya que es lo que hacemos en nuestras reuniones de comunidad: compartir los dones que hemos recibido en la oración.
El documento final es muy rico, hay que trabajarlo en comunidad. Se trata de un itinerario que relata qué es la sinodalidad y que actualiza cuál puede ser nuestro devenir juntos como Iglesia.