Por Agnes Rausch (original en francês)
En los años 1970, tras el acuerdo de mano de obra entre Portugal y Luxemburgo, niños de origen portugués comenzaron a entrar en las escuelas luxemburguesas. Esto motivó a Margot Reuland, maestra y miembro fundadora de la CVX, a aprender portugués para poder acogerlos mejor.
Al dar clases de apoyo a Edo e Isah, niños refugiados de la guerra en Yugoslavia, Anne Sauber —maestra jubilada y entonces presidenta de la CVX en Luxemburgo (CVX-LU)— entabló amistad con toda la familia y descubrió su profunda fe: eran musulmanes. Escribió entonces un artículo en el boletín de la CVX invitando al diálogo con el Islam.
Desde entonces, dentro de la CVX, un grupo de compartir —el Grupo Ignaciano de Migraciones (GIM)— comenzó a reunirse regularmente, reuniendo a los miembros comprometidos con las personas migrantes para: apoyarse mutuamente, dar a conocer la situación de las personas migrantes dentro de la CVX y reflexionar sobre las mejoras estructurales necesarias en nuestra sociedad. Así, en 2009, la CVX envió un cuestionario a los candidatos a las elecciones acerca de la acogida e integración de personas extranjeras (refugiados, trabajadores, estudiantes). En una de las veladas temáticas sobre la realidad de las personas migrantes, jóvenes compartieron su doble pertenencia y la lengua diferente que se hablaba en casa.
Desde 2007, el GIM estaba en contacto con el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS)-Europa y, a partir de 2017, el GIM promovió la creación de un JRS en Luxemburgo, finalmente fundado en mayo de 2020. Actualmente, miembros de la CVX trabajan allí como administradores, donantes y voluntarios, especialmente en proyectos con jóvenes particularmente vulnerables. Gracias al JRS, la profesionalización (3 empleados / 30 voluntarios) y la acogida de jóvenes voluntarios se volvieron posibles; la pertenencia a una gran familia con valores sólidos garantiza una acción que perdura en el tiempo.
Para la CVX-LU, su presencia en la red europea de migraciones forzadas ha sido beneficiosa, y los encuentros celebrados en Luxemburgo en 2011 y 2014 fueron auténticos “hitos”. Su participación en el proyecto de la CVX-Italia en Ragusa, Sicilia, en 2015 fue el punto de partida de los proyectos de verano anuales con jóvenes refugiados; los jóvenes voluntarios que llegaban gracias a la red CVX desde Egipto, Francia e incluso México eran verdaderos rayos de sol.
La CVX en Luxemburgo puede hacer suyas las palabras del papa Francisco, escritas para la 100ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado y repetidas por el papa León XIV en DILEXI TE: «¡Todo ser humano es hijo de Dios! ¡La imagen de Cristo está impresa en él! Se trata entonces de ver en el migrante y en el refugiado no solo un problema a afrontar, sino a un hermano o una hermana que acoger, respetar y amar; una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, según el Evangelio».






