18 de diciembre – Día internacional del Migrante | Yo soy una extranjera

18 Dic, 2025 | Globalización y pobreza, Noticias

Por Liliana Ojeda – CVX en Austria (original en español)
(18 de diciembre – Día internacional del Migrante)

Hay un refrán que de alguna manera me ha acompañado toda mi vida: “Allí donde fueres, haz lo que vieres”. ¿Qué significa? ¿Acaso debemos ser simples imitadores sin personalidad propia? De ninguna manera.
Se trata más bien de ir con ojos abiertos hacia lo desconocido y entregarse con un corazón abierto a lo nuevo que nos espera.

No siempre es fácil cuando alguien llega a un país extranjero y se ve confrontado con una cultura diferente. Pero puede ser interesante y con seguridad también instructivo. Las experiencias que se hacen son a menudo muy diversas. A veces puede ser que no se sea precisamente aceptado, incluso discriminado. ¿Cómo actuar, cómo comportarse en estos casos?

Ciertamente yo he sido toda mi vida una extranjera, desde que con 20 años salí de mi país Argentina y llegué por primera vez a Austria. He vivido también en Alemania, en España y en México. Por motivos profesionales he recorrido toda Europa Occidental, casi todos los países latinoamericanos y he llegado hasta el Lejano Oriente. En la medida de lo posible, siempre me he informado antes sobre el país al que me tocaba visitar. Esto facilita la comunicación y es también muy valorado. Recuerdo, por ejemplo, la agradable sorpresa de mi traductora en Corea del Sur cuando me quiso explicar el significado de los símbolos en la bandera de su país y comprobó que yo ya los conocía. Son detalles a veces insignificantes pero que pueden ayudar mucho a una buena comunicación y al diálogo. Pueden convertirse en puentes para una buena relación.

El Papa Francisco escribió: “Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto (…). Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar”. (Fratelli tutti, 198).

Yo vengo de un país que recibió grandes corrientes migratorias, especialmente en los tiempos antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Españoles e italianos que llegaron con la esperanza de encontrar allí trabajo y una vida mejor, judíos expulsados de Europa, también alemanes, polacos y turcos. Aún hoy en día hay en el país numerosos asentamientos de las más diversas nacionalidades. Ellos conservan y festejan su propia cultura, al igual que la argentina en la que entretanto están arraigados. Quizás debería mencionar que nuestra Constitución garantiza los mismos derechos “a todos los hombres de buena voluntad que habitan el suelo argentino”. Nunca fueron vistos como migrantes o extranjeros, sino como personas como tú y yo, que vinieron de un país lejano y podían contar historias hermosas de su país y de su cultura.

Es probable que todo esto me haya marcado y también influído en mi comportamiento en el extranjero. Siempre me alegré de conocer algo nuevo e intenté al mismo tiempo de adaptarme. Lamentablemente también tuve experiencias negativas cuando por mi aspecto o simplemente por el hecho de ser extranjera he sido rechazada. ¿Qué he hecho en esos casos? Siempre que fue posible busqué el diálogo. Más de una vez mi interlocutor quedó sorprendido al comprobar que yo dominaba su idioma. Más aún al comprobar que ostento el título de Doctora, lo que me entristece mucho, porque nadie es más o mejor, por poseer un título académico. Así es que lo utilizo solamente cuando es estrictamente necesario. El diálogo, el diálogo comprensivo, es lo más importante. ¿No se dice acaso que “hablando la gente se entiende”?

Para finalizar les dejo nuevamente la palabra al Papa Francisco con su Oración al Creador (Fratelli tutti):

Señor y Padre de la humanidad,
que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad,
infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.
Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz.
Impúlsanos a crear sociedades más sanas y un mundo más digno,
sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.
Que nuestro corazón se abra
a todos los pueblos y naciones de la tierra,
para reconocer el bien y la belleza que sembraste en cada uno,
para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes, de esperanzas compartidas. Amén.

 

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