Por Jabulani Notice (CVX en Botswana)
Recientemente ofrecí una charla titulada “Matrimonio y vida familiar: el papel de los hombres en la Iglesia y en la familia” en la reunión diocesana para hombres, el 15 de noviembre de 2025. La reunión fue organizada por la oficina del obispo para brindar a los hombres la oportunidad de reunirse y compartir sus inquietudes sobre la vida en la Iglesia y en la familia. Aquí mi charla:
El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y recibió la autoridad de cuidar de la familia y del mundo (Génesis 1:26–28). En este proceso, Dios creó a la mujer para el hombre. Así, donde hay un hombre, hay una mujer, y de ellos nacen los hijos. Esto marca el inicio y la base de la familia.
Tras establecer la familia como parte de la creación, Dios proclamó: “¡Esto es MUY bueno!” (Génesis 1:31). Así, la familia fue creada con amor, paz y buenas intenciones.
San Pablo lo expresa claramente en Efesios 5:21–33: “Sed humildes unos con otros… El marido es cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de la Iglesia… Mujeres, respetad a vuestros maridos como la Iglesia respeta a Cristo… Maridos, amad a vuestras esposas como Cristo ama a su Iglesia”.
Estos principios son la base de una familia donde el amor, la paz y el respeto prevalecen, generando armonía y unidad en el hogar. El matrimonio y la familia son dones de Dios; por ello, los hombres deben proteger y preservar esta institución con dedicación y cuidado.
En consecuencia, los hombres tienen tanto la autoridad como la responsabilidad de guiar a la familia y a la comunidad. El hombre es la cabeza de la familia, así como Jesucristo es la cabeza de la Iglesia, ejerciendo ambos amor y autoridad.
El hombre protege a su familia de todo mal y violencia. La serpiente aún acecha. También es responsable de proveer las necesidades del hogar, incluyendo vivienda y recursos financieros.
Además, el hombre es facilitador de la ley de Dios y de los valores morales, razón por la cual se han establecido estructuras de consejo de hombres (kgotla) y programas para niños varones (“Boy-Child Programs”) en algunas parroquias. Nuestra cultura y normas están profundamente vinculadas a la Iglesia. El hombre representa a Jesucristo en la familia, y su deber es preservar la fe y el amor en el hogar.
La presencia activa de los hombres aporta dignidad, autoridad y amor al hogar. Por ello, deben ser tratados con respeto y afecto, y no utilizados como figuras de miedo para corregir a los niños.
Los hombres también tienen la responsabilidad de reconciliar a los miembros de la familia en momentos de conflicto. En situaciones difíciles o conflictos matrimoniales, recurrimos a hombres mayores y respetados para mediar de manera imparcial y sin temor.
Conclusión
- Los roles y responsabilidades de los hombres deben reflejarse también en la Iglesia.
- Las estadísticas muestran que las familias y los matrimonios se están desmoronando a un ritmo alarmante debido a la violencia de género, siendo en muchos casos los hombres los agresores, dañando a mujeres y niños y destruyendo relaciones. Aun así, no debemos perder la esperanza.
- La Iglesia necesita a los hombres más que nunca para predicar el Evangelio del Amor, el Evangelio de Jesucristo en la familia, y contribuir a un entorno estable y sostenible tanto en el hogar como en la Iglesia, a través de estructuras como el Consejo de Hombres y la asamblea comunitaria.
Que el Señor guíe nuestra visión y misión.






