Por Roberto Carnevale – CVX en Italia (original en inglés)
Esta es la pregunta que ha latido en mi corazón durante meses. Nos encontramos en medio de un profundo proceso global: la revisión de nuestros Principios Generales. No se trata de un simple ejercicio editorial. Se nos invita a escuchar al Espíritu, a escucharnos unos a otros y a atender la voz de nuestro mundo, para dar forma al ADN espiritual que guiará e inspirará a la próxima generación de nuestra comunidad.
Este proceso nos ha pedido, ante todo, salir de nuestras zonas de confort y escuchar de verdad.
El mundo como taller
El núcleo de esta “primera etapa” fue una serie de talleres
. Delegados de todos los rincones del mundo se reunieron virtualmente para discernir juntos en torno a tres preguntas fundamentales:
- ¿Cómo nos definimos como “Una sola Comunidad” en un mundo que está, a la vez, ¿hiperconectado y profundamente dividido?
- ¿Cómo entendemos la membresía? ¿Qué significa formar parte de este cuerpo mundial?
- ¿Cómo podemos desarrollar y profundizar nuestro concepto de vida apostólica ante las realidades actuales?
La experiencia fue verdaderamente estimulante. Al reunir en los grupos a personas de distintos continentes, culturas y contextos, pudimos experimentar la auténtica riqueza de nuestra familia mundial. Las conversaciones fueron profundas, sinceras y profundamente ignacianas. La diversidad no fue un obstáculo, sino el punto de partida para una visión más amplia.
No se trató de una simple discusión, sino de un verdadero discernimiento comunitario. Esta experiencia resonó en muchos de nosotros, enriqueciendo el diálogo entre los delegados locales y la Comisión Internacional que acompaña este proceso. No estábamos solo compartiendo opiniones; estábamos construyendo una comprensión común.
De lo global a lo local: la experiencia italiana
Este espíritu global se reflejó también en nuestro proceso local. Aquí, en Italia, la revisión del primer documento despertó un gran interés y entusiasmo. Nuestro recorrido fue cuidadoso y meticuloso. Primero trabajamos en la elaboración del texto, traduciendo el conjunto de documentos para que todos los miembros que sólo hablaban italiano pudieran participar plenamente.
Luego lo compartimos ampliamente, solicitando una primera ronda de aportes. Tras analizar esas respuestas iniciales, pedimos una segunda ronda de comentarios hacia finales de septiembre, que integramos junto con las observaciones de nuestro Comité Ejecutivo Nacional.
La amplia participación fue signo de una comunidad viva y comprometida. Recibimos respuestas activas de siete comunidades locales, de varios miembros individuales y de todo nuestro Comité Ejecutivo. Esta “voz italiana” final, integrada y aprobada, fue posteriormente enviada al Comité Mundial. Sentimos que habíamos logrado hablar realmente con una sola voz.
El corazón del proceso: una reflexión personal
Para mí, este camino ha sido profundamente transformador. A través de mi servicio como “Eurolink”, mi visión de la CVX ya se había ampliado, pero este proceso ha ensanchado aún más mi corazón, permitiéndome abrazar al mundo entero.
Estoy profundamente agradecido por esta oportunidad. Siento que, en mi pequeña medida, he contribuido a escribir la historia de la CVX a través de esta revisión.
Pero el mayor regalo ha sido el llamado a salir de mi zona de confort. Escuchar los testimonios de nuestros hermanos y hermanas más allá de nuestra querida y cómoda Europa ha sido una experiencia de humildad. Conocer sus luchas, sus desafíos y la fe heroica con la que, en cualquier parte del mundo, viven y hacen avanzar nuestra misión… pone todo en perspectiva.
Esta primera etapa del discernimiento ha concluido. El diálogo está abierto, nuestros corazones se han ensanchado y nuestra visión se ha ampliado. No estamos simplemente redactando un documento: nos estamos convirtiendo en la “Una Comunidad” que estamos llamados a ser.






