Por James O’Brien, CVX en Australia
El 12 de agosto de 2023, en la Asamblea Mundial de Amiens, me correspondió conducir el proceso electoral para la designación del próximo Consejo Ejecutivo Mundial (ExCo), llamado a servir durante un mandato de cinco años hasta la asamblea de 2028. Para preparar este proceso lleno de gracia y oración, conté con el acompañamiento del entonces secretario ejecutivo, Manuel Martínez A., del presidente Denis Dobbelstein, y de mi compatriota australiano Chris Hogan, quien había coordinado las elecciones en Buenos Aires en 2018. Chris compartió conmigo su presentación en diapositivas, que, con la ayuda de Manuel y Denis, transformamos en una herramienta completa que Manuel podía ir adaptando en función de los resultados.
Llegué a la asamblea con entusiasmo, siendo miembro del ExCo desde enero de 2022, encargado de animar la creación de un equipo mundial de jóvenes. Durante ese tiempo, participé en varias reuniones por Zoom, además de dos semanas consecutivas de encuentros en Roma, que me permitieron experimentar de cerca la riqueza y dinamismo del ExCo. También contribuí a la preparación de los Proyectos 178 y 179, por lo que el ExCo me invitó a formar parte del equipo de redacción en Amiens. Y como había declinado la nominación para un nuevo mandato, estaba disponible para acompañar el proceso electoral, tarea que se me confió.
Durante la asamblea, el equipo de redacción se reunía cada noche tras la cena, a menudo hasta la madrugada, para preparar los textos a presentar al día siguiente. La víspera de las elecciones trabajamos hasta las 2 de la mañana. Al día siguiente, tras el desayuno y el camino hacia el auditorio, iniciamos la jornada con la oración de la mañana, antes de comenzar con las elecciones, a las que se había dedicado un tiempo generoso. El Espíritu Santo no se apresura: se le espera con paciencia.
El equipo anfitrión de Amiens había desarrollado una aplicación móvil para la asamblea, que incluía la posibilidad de votar en resoluciones y elecciones. El día señalado, un representante de la empresa desarrolladora acompañaba a Manuel en la parte técnica. Denis debía consultar al ExCo saliente en cada ronda de votación, mientras que yo tenía la misión de guiar a la comunidad a través de todo el proceso.
Me sentí agradecido por la preparación previa cuando subí al escenario. Vestido con mi traje azul claro favorito, me encontraba cómodo, combinando formalidad y un aire alegre. Denis, además, me había hecho una propuesta especial: abrir el proceso tocando un instrumento. Acepté y, gracias a la generosidad de Yves, miembro del equipo litúrgico, toqué su violonchelo: una meditación de Massenet y una pieza pizzicato. Cometí varios errores, ya que había ensayado muy poco, pero lo que ofrecí no fue una “interpretación” artística, sino un don frágil y sincero a la comunidad. El silencio atento de todos me transmitió acogida y cuidado. Ese momento me dio confianza para la misión que venía.
Denis, tras la sesión, me compartió sus impresiones:
«Te vi transformado. Al equivocarte tantas veces al tocar, nada podía ya salir mal después. Fue un momento de gracia: te abandonaste al Espíritu, confiando en la benevolencia de la asamblea. Todo el trabajo previo adquirió entonces otra dimensión.»
Entre las diapositivas, conservamos algunas de las usadas en Buenos Aires, incluida una que me encantaba: “Supervisor: el Espíritu Santo”. Chris Hogan me había subrayado la importancia de vivir las elecciones en un clima de oración y de escucha comunitaria del Espíritu. Para ello, incluí también reflexiones del P. Patrick O’Sullivan, SJ (1939-2022), exasistente eclesiástico mundial y figura destacada de los jesuitas australianos y de la CVX. Lo conocía desde niño, pues había visitado mi casa y acompañado a mis padres en un retiro ignaciano. Poco antes de morir, me regaló un rosario. Citarlo en Amiens fue un modo de sentirlo presente:
«La verdad de una comunidad es fruto de la conexión libre entre sus miembros. En el discernimiento, la pregunta es: ¿expresa esta propuesta auténticamente la verdad de la comunidad? (…) Mi voto no es un gusto personal, sino la afirmación de que esta propuesta mantiene la verdad y la unión del grupo.»
Así dispuesta la asamblea, invocamos al Espíritu Santo y comenzó el proceso. Sentados por comunidades nacionales, cada ronda de votación se realizaba en la aplicación, y Manuel proyectaba los resultados en pantalla.
El primer cargo en votarse fue la presidencia. Tras tres rondas, resultó elegido Chris Micallef, de la CVX Malta. Lo invité a subir al escenario, lo abracé, y de manera espontánea propuse: «Oremos por Chris». La asamblea entera se recogió en silencio, con las manos extendidas hacia él, y luego también «por nuestra comunidad». Fue un momento intenso y consolador.
El mismo gesto de oración se repitió para cada nuevo miembro elegido: la vicepresidenta Daphne Ho (CVX Hong Kong), y después Franklin Ibañez, Catherine Waiyaki, Inji Fayez, Catherine Kelly y Cecilia Martínez. En cada caso, pedíamos la bendición del Espíritu tanto para la persona como para la comunidad.
A lo largo del proceso me sentí en paz, incluso con humor, disfrutando de un clima de unión con Manuel, Denis y toda la comunidad en discernimiento. Percibí que era un momento de gracia del Espíritu, confirmando a cada uno en la misión que la asamblea les confiaba.
Al concluir, el P. José de Pablo, SJ, asistente eclesiástico mundial, me abrazó emocionado. Con lágrimas en los ojos me dijo que esta elección era un signo de Dios confirmando mi decisión de no continuar en el ExCo. Comprendí que Dios me había hecho instrumento de su gracia para la asamblea. Como Isabel en la Visitación, me alegré en el Espíritu Santo. ¡Alabado sea Dios!
Sigamos orando por todas las personas que ejercen responsabilidades de liderazgo en la CVX y en nuestra Iglesia, para que lo hagan con espíritu de libertad, paciencia y amor.






